Qué tiene que fotografiar un fotógrafo en una boda
Una boda no se repite. No hay segunda toma del momento en que tu padre te ve vestida por primera vez.
Por eso, cuando alguien me pregunta qué fotografío en una boda, la respuesta corta es: todo lo que no se puede repetir. Y la larga es este artículo, que es la lista que llevo en la cabeza desde hace treinta años y que reviso mentalmente el día antes de cada boda, por si algo se me escapa.
No es una lista para copiarla y dársela al fotógrafo. Es para que entiendas qué se está jugando en cada tramo del día, para que puedas preguntar con criterio, y para que sepas por qué un reportaje bien hecho no consiste en hacer muchas fotos sino en estar en el sitio correcto en el minuto correcto.
Los preparativos: donde está el nervio
Es el tramo que más gente se plantea recortar para ahorrar, y casi siempre es un error. En los preparativos pasa algo que no vuelve a pasar en todo el día: la gente todavía no está actuando para las fotos. Están nerviosos, se ríen por cualquier tontería, alguien llora sin avisar.
Lo que hay que sacar aquí, con nombre y apellido:
- El vestido colgado, antes de que nadie lo toque. Y los zapatos, los pendientes, el ramo, las invitaciones, los gemelos. Suena a catálogo, pero dentro de veinte años son las fotos que colocan el día en su época.
- El maquillaje y el peinado en marcha, no posando. La mano de la maquilladora, la mirada al espejo, la madre mirando desde la puerta.
- El momento del vestido. Quien te ayuda a abrocharlo suele ser la persona más importante de esa habitación. Esa foto es de las que acaban enmarcadas.
- La primera vez que alguien te ve vestida. Normalmente el padre, la madre o una hermana. Es el primer llanto del día y dura ocho segundos. Si el fotógrafo está mirando el móvil, se pierde.
- Los preparativos de él. Se fotografían menos y se echan de menos igual. La corbata, el reloj del abuelo, los amigos dando la lata.
Un detalle práctico: los preparativos se fotografían mejor con luz de ventana y con la habitación medianamente recogida. No hace falta que esté perfecta, pero una maleta abierta en mitad del plano sale en todas las fotos.
La ceremonia: lo que no se puede volver a pedir
Aquí el fotógrafo tiene menos margen que en ningún otro momento. No puede pedir que se repita, no puede mover a nadie y, en muchas iglesias, no puede ni acercarse. Lo que se saca depende de haber estudiado el sitio antes y de saber anticiparse.
La lista mínima:
- La llegada de cada uno, por separado. Y la cara de quien espera.
- La entrada por el pasillo, del brazo de quien sea. Y, girándose, la cara del que está esperando en el altar. Ese contraplano es el que suele faltar en los reportajes flojos, porque exige que el fotógrafo esté delante y no detrás.
- Las lecturas y las personas que las hacen. Alguien eligió a esa gente por algo.
- Los anillos, las manos, el sí.
- El beso. Uno solo, y a veces dura medio segundo.
- Las caras del público durante la ceremonia. Ahí está la mitad del reportaje: los abuelos, los niños aburridos, la amiga que llora, el que se ríe.
- La firma y la salida entre arroz, pétalos o lo que toque.
Pregunta antes por las normas de la parroquia o del juzgado. Hay iglesias en Sevilla donde el fotógrafo no puede pasar del crucero, y otras donde no se admite flash. Eso condiciona el resultado y conviene saberlo antes, no el mismo día.
El grupo grande y los grupos pequeños
La foto de familia es la que más se odia y la que más se agradece después. Sobre todo cuando falta alguien que ya no está.
Lo que la hace rápida y no un suplicio de cuarenta minutos: llevar la lista escrita. Familia de ella, familia de él, abuelos, primos, amigos del colegio, compañeros de trabajo. Con nombres. Y que una persona de cada lado, que conozca a todo el mundo, se encargue de ir llamando a la gente mientras el fotógrafo dispara.
Hecho así, quince grupos salen en veinte minutos. Hecho sobre la marcha, es media hora larga de gente perdida y novios agotados antes del cóctel.
La sesión de pareja: veinte minutos, no dos horas
Es el único rato del día en que los novios están solos. Y ahí está la contradicción: son las fotos que más se enseñan y el momento que menos hay que alargar, porque cada minuto que pasa es un minuto que no están con su gente.
Con veinte o treinta minutos, en buena luz, hay de sobra. El mejor momento es la última hora antes de que se ponga el sol; ahí la luz hace la mitad del trabajo. Si la boda es de tarde y anochece durante el banquete, conviene reservar un rato justo después de la ceremonia.
No hace falta irse a un sitio espectacular. Un patio, una sombra buena, una pared vieja. Lo que importa es que os dejen en paz cinco minutos.
¿Tienes ya fecha? Lo primero es comprobar si está libre. Llámame al 609 81 05 90 y te lo confirmo en el momento, o calcula el presupuesto aquí y te hago una horquilla orientativa sin dejar tus datos.
El banquete y la fiesta
- El sitio antes de que entre nadie. Las mesas puestas, el seating, los detalles. Se tarda diez minutos y luego ya es imposible.
- La entrada de los novios y los discursos, con las caras de quien escucha.
- Las mesas. Pasar por todas es agotador, pero es donde está la gente que ha venido de lejos.
- La tarta, el ramo, el baile.
- La fiesta de verdad, la de después. Cuando ya se han quitado los zapatos.
Y lo que casi nadie pide, pero luego agradece
Después de treinta años hay tres cosas que hago siempre, aunque nadie las pida:
Retratos de los abuelos. Uno bueno, tranquilo, mirando a cámara. Con los años se convierte en la foto más importante del reportaje. Lo digo por experiencia: he entregado copias de esas fotos en funerales.
Los niños. Están sueltos todo el día y son los que dan las mejores caras.
Una del salón vacío al final, con las sillas descolocadas y las luces encendidas. Cierra el reportaje mejor que cualquier posado.
Cuántas fotos, y por qué esa no es la pregunta
Todo el mundo pregunta cuántas fotos entrego. Es una pregunta razonable, pero mide mal.
Un reportaje de mil fotos donde faltan la cara del padre al verte vestida y el contraplano de la entrada es peor que uno de cuatrocientas donde están las dos. Lo que importa no es el número: es que no falte nada de lo que solo pasa una vez.
Si quieres saber el número exacto para tu cobertura y el plazo de entrega, llámame al 609 81 05 90 y te lo digo en un minuto, que depende de las horas y de la época del año.
Cinco preguntas que deberías hacerle a cualquier fotógrafo
- ¿Vas a estar en los preparativos de los dos? Si solo cubre uno, la mitad de las fotos de nervios no existen.
- ¿Has estado antes en esta iglesia o en esta finca? Y si no, ¿piensas ir antes?
- ¿Vienes solo o con segundo fotógrafo? En la ceremonia, dos personas significan tener el plano y el contraplano a la vez.
- ¿Qué pasa si te pones malo? Un profesional tiene a quién llamar.
- ¿Puedo ver una boda entera, no solo las mejores fotos? Esta es la más importante. Cualquiera tiene veinte fotos buenas. Lo difícil es que una boda entera esté bien resuelta de principio a fin.
Hablamos
Si te estás organizando la boda y quieres contrastar cualquiera de estos puntos, llama y lo vemos. Sin compromiso y sin discurso de ventas: al final es tu día y lo que importa es que no falte nada.